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martes, 5 de noviembre de 2013

Sonrisas excesivas



Los hombres de tango saben que existe una gran variedad  de sonrisas en las caras que andan por ahí.
Amigas o sarcásticas, las sonrisas se reparten entre los hombres de buena y mala voluntad así en la tierra como en el cielo.
No  todas las cosas son lo que parecen. La comunidad jesuita y científicos de la NASA comparten este pensamiento.
"Pocas cosas son la realidad inteligible" me decía mi abuela que además sugería que debíamos tener un gesto iconoclasta  frente a la pequeñez de la realidad perceptible, principalmente cuando tomamos un mate amargo y no hay bizcochitos de grasa.


Hay varios tipos de sonrisas.  Y yo las prefiero espontaneas,  porque todas las otras esconden la cultura cínica de la sociedad y sus buenas costumbres. Hoy, como otrora, el hombre sonríe forzadamente porque lo exige su cultura, su educación social o su conveniencia. O mucho peor: por diplomacia, el arte de mentir para sobrevivir en sociedad.
Es vistoso ver cuando el Sonriente Excesivo actúa y te pregunta ¿cómo estás? aunque le interese un pito a la vela. Este, sin embargo, con prudente sentido de la educación te pregunta “¿Cómo estás?”  y reprime su natural indiferencia por vos substituyéndola con lo que entiende ser  un gesto de importante interés social. Esta “buena educación” nos indica que si sonreímos tendremos un posible enemigo neutralizado.

 
Con sentido del deber y como practicantes de  “buenas costumbres” los Sonrientes Excesivos preguntan y desean que tu respuesta sea breve y positiva, de otro modo preferirán masturbarse viendo una  National Geografhic que oírte decir  algo de vos.
Hay siempre algo poderosamente malvado en una sonrisa excesiva. Hay un claro anhelo de manipular al otro. Hay una cordialidad traidora resumida en un gesto enfermo.

A todos los Sonrientes Excesivos les deseo que revienten, y ardan eternamente en el averno,  donde todos los de su casta se pregunten perpetuamente, los unos a los otros, “¿Cómo estás?”  y oigan diariamente la respuesta con una sonrisa: “Bien, en el infierno estamos bien”.
 

Buenas noches,

 

martes, 6 de julio de 2010

En cuanto espero la destrucción del universo...


Cuando hace calor en Portugal, si no estamos cerca del mar, nos derretimos.
Y hoy, HACE CALOR.
En estos tiempos de crisis de crisis de crisis, el calor calienta que ni les cuento; se derriten las chapas de los techos, y hasta se le deshidrató el canario a mi vecino.
Por un momento deseo pertenecer fauna abisopelágica, que me asusta un poco, porque está todo muy oscuro, pero por lo menos está fresquito.
Y con el calor se me ocurrió ver que hacen los Dj de tango. El primero que vi era el sugestivo Dj Tango, que así se autodenominaba un tipo que apelaba a "La cumparsita", solo oí 10 compases. Les aseguro que   después de los primeros 10 compases se inicia un proceso irreversible de "involución" y pasan a vivir a nivel protozoario.
Escuchen 10 compases nomás, sino después les tenemos que desinfectar las orejas con un lanzallamas.


La cruel cuestión es: no estaré publicitando esto?
Muestro esto como un alerta, como una ilustración de un Manual sobre de Enfermedades Mortales Incurables.

La desolación llegó cuando vi que todo era lo mismo. Dentro y fuera del tango hay miles de tipos como este por el mundo. Estamos rodeados.
Para esta "gente" el trabajo se resume a poner un ritmo hipnótico a cualquier música. Música sin un rasgo de humanidad.  Secuencias mecánicas repetidas. Sin imaginación, sin pensamientos. Sonidos muertos insertados en cadáveres amputados de músicas.
Un taladro en una obra en construcción es una Sinfonia de Beethoven al lado de estos tipos.

Vean esto sobre una canción patria argentina, Aurora:



Estoy seguro que la muerte y el infierno tienen algo de esto... (y este maldito calor tendrá algo que ver?)

En cuanto espero calmamente la destrucción del universo me voy a escuchar un poco de Malher.
Buenas noches y cuídense.